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| Esforzada anciana Hani en Xishuangbanna | |||||||||||||||
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Matriarcado
entre los Yeche-Hani
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Entre la rama Yeche de los Hani, con una población es de 17.000 personas, la mayoría de las familias conservan unas genealogías que alcanzan hasta 70 generaciones, lo que abarcaría (a 25 años por generación) una historia de unos 1.700 años. Se cree que los Yeche vivían hacia el siglo III en una sociedad matrilineal en la que "conocen a la madre y no al padre", con matrimonios de grupo, y la religión y economía organizadas en torno a las mujeres, ocupando éstas un puesto más elevado en la sociedad. El proceso de paso del matriarcado al patriarcado ha podido durar unos 600 años (de -300 a 300), y estar provocado por las guerras y migraciones. Para consolidar la dominación patriarcal surgen una serie de instrumentos sociales (al fin y al cabo es algo antinatural), una generación tras otra se cuenta sólo en el padre, las mujeres van perdiendo su libertad personal sufriendo la opresión del gobierno, el clan, el marido y la religión. A pesar de los siglos pasados, el matrimonio, la religión y la vida social Yeche aún tiene influencia de la época matriarcal. Los jóvenes Yeche solteros tienen libertad sexual. Cuando una familia construye una casa, un poco fuera de la casa principal hacen una o dos más pequeñas, especialmente para que sus hijos e hijas se emparejen al alcanzar la madurez. De hecho, cuando cumplen 15-16 años, empiezan a pasar las noches allí, signo de que han alcanzado la madurez. Chicos y chicas consideran que cuantos más amantes tengan, mejor, evitando sólo las relaciones con los parientes. Los chicos y chicas de cada aldea tienen un jefe, que es un poco más mayor y tiene más experiencia. El jefe de los chicos de una aldea se ocupa de organizar con la jefa de las chicas de otra aldea, los encuentros para fechas posteriores, visitándose en la aldea de unos u otros. En las casas se mezcla la música, cantos y risas, pero las chicas tienen un papel un tanto pasivo al comienzo de la relación, cuando no deben ni reírse ni gritar. A partir de las once de la noche los cantos se van haciendo más íntimos y sólo quedan en la caseta los jóvenes que se han emparejado, que a medianoche se irán a la casita de ellos a donde pasan la noche. Al alba los chicos les acompañan hasta la salida de la aldea y acuerdan nuevos encuentros. No conocen los celos ni la posesión del otro. |
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