Anshun y las cataratas Huangguoshu

 

Si te gusta viajar, te gustará Shangrilá.

Un libro de viajes diferente, en el que el protagonista, el autor que os ofrece esta información sobre Beijing, se interna en algunas de las regiones más remotas de China. En esa sucesión de montañas que se extienden al sur de Sichuan y el noroeste de Yunnan, habitadas por pueblos relacionados de alguna forma con la cultura tibetana, como los Yi, los Moso, los Naxi o los Bai. Siguiendo el rastro que le marcan los siempre malditos Yi, acabará enfrascado en la búsqueda de Shangrilá.

La Ciudad de Anshun, situada en la parte central de la provincia de Guizhou, a 105 km de Guiyang, está repleta de lugares interesantes para el viajero, especialmente en lo referente a los paisajes naturales y las minorías étnicas. Con una población urbana de 250.000 habitantes, y más de dos millones en sus distritos rurales, el viajero deberá salir de la ciudad, donde se puede matar el tiempo visitando el Templo de Confucio, y adentrarse por sus zonas rurales.

El camino más trillado, servido por frecuentes autobuses, es el que se dirige a las cataratas de Huangguoshu, las más grandes de China. Conviene dirigirse hacia allí con tranquilidad pues el camino está lleno de aldeas interesantes de la minoría Buyi, y aunque las más famosas están más allá de las cataratas, el viajero que se mueve sin prisa encontrará situaciones humanas interesantes. Además, a 20 kilómetros de Anshun está Zhenning, cabecera de un distrito poblado por los Miao y los Buyi, con un templo en el punto más elevado de la ciudad que presenta una vista sorprendente.

Las cataratas Huangguoshu, con sus 67 metros de altura y 84 metros de largo son las mayores cataratas de China. Su vista es magnífica, especialmente en verano. En otoño e invierno se vierte menos agua y pierden en espectacularidad. Lo que más me sorprende de estas cataratas es que surgen casi como por sorpresa. El viajero llega a la aldea de igual nombre atravesando una llanura salpicada de las aldeas tranquilas de los Buyi sin que nada haga presagiar que el riachuelo que corre junto al último tramo de la carretera súbitamente cae en un enorme barranco.

Aunque las cataratas definen por completo la personalidad de Huangguoshu, desde su calle principal, a apenas unos metros de las mismas, nada se puede sospechar. Hay varias formas de disfrutar de este espectáculo. Para conseguir una observación completa de las mismas el viajero no tendrá más remedio que visitar el parque construido alrededor de ellas. Desde allí no sólo se tiene la mejor vista del salto de agua, sino que se puede bajar al lecho del río, y observar su caída desde la orilla. Una alternativa más relajada la constituyen los numerosos restaurantes abiertos en la estrecha franja de terreno situada entre la carretera y el río. Todos ellos han construido pequeñas terrazas ideales para la observación de las cataratas en las que por el precio de la entrada al parque se podrá disfrutar de una comida local o un refresco.

Los atractivos de Huangguoshu no acaban con las cataratas. La aldea, habitada por personas de la minoría Buyi, cuenta con un buen número de construcciones de piedra típicas de esta etnia que merece la pena explorar con un poco de tranquilidad. Las callejuelas que se pierden hacia el interior, desde la carretera, proporcionan una buena oportunidad de conocer la vida de esta interesante minoría. Gran parte de la población ha dejado de vestir de la forma tradicional, pero aún pasean por las calles algunas mujeres con sus espectaculares tocados tradicionales.

En la propia carretera, una imponente iglesia de piedra, nos recuerda la actividad misionera realizada en esta zona antes de la Revolución Comunista. El amante de los lugares tranquilos, puede aprovechar la infraestructura turística creada al reclamo de las cataratas, pues en las afueras de la aldea existen varios hoteles, rodeados por enormes parques, que pueden convertirse en el punto de partida para explorar otras aldeas de los Buyi situadas en las cercanías, en las que ni la llegada del turismo ni la modernización no ha conseguido acabar con su forma de vida tradicional.

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