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Los frescos de Baisha, tesoro del arte de la Dinastía Ming


La aldea Baisha (白沙村) está a solo unos pocos kilómetros al norte de Lijiang, fácilmente accesible en bicicleta y se puede combinar esta visita con la del templo Yu Feng. Baisha es hoy en día una pequeña aldea situada a siete kilómetros de la ciudad de Lijiang, pero esa aldea que semeja recostada en una larga siesta al pie de la Montaña del Dragón de Jade ha sido muy importante en la historia de los Naxi, primero por ser uno de los primeros lugares en los que se establecieron y segundo por ser el lugar de origen del clan Mu, que gobernaría a los Naxi durante siete siglos.

 

Los Frescos de Baisha
Uno de los más importantes testimonios artísticos de los naxi son los Frescos de Baisha, una serie de pinturas religiosas que decoraron los templos principales de la zona durante la dinastía Ming, de los que solo se mantinen unos pocos en los principales templos de Baisha, la ciudad natal de los Reyes Naxis y durante la época imperial, el centro ritual y religiosos de la región. Dado que la familia real Mu consolidó su poder sobre la region durante la dinastía Ming, que les confirmó el cargo de tusi (jefes locales) otorgado por los mongoles, los reyes de esta familia fueron determinantes en la difusión de la cultura china en estas tierras. No solo favorecieron la diffusion del budismo y el taoísmo en la region de Lijiang, sino que construyeron numerosos templos, decorados al estilo chino, para cuyas pinturas principales invitaron a trabajar con ellos, a algunos de los más afamados pintures chinos de la época, otros tibetanos, así como artistas locales de las minorías Naxi y Bai. En los frescos todavía se pueden distinguir los diferentes estilos artísticos de los pintores que participaron en la elaboración de los mismos. Los frescos más antiguos fueron pintados en 1385, y durante dos años se mantuvo una tradición artística propia. De ellos sólo quedan 53 frescos, la mayoría fragmentos de pequeñas composiciones, con un área total de 171 metros cuadrados.

La mayor concentración de estos frescos, y donde se encuentran los de mayor calidad y en major estado de conservación es en el Palacio Dabaoji, dentro del complejo monumental de Baisha. Las tres principales paredes de esta sala están cubiertas casi completamente por pinturas religiosas, entre las que el observador profano sólo descubrirá a las principales deidades budistas rodeadas de centenares de personajes con aspecto solemne. Es una representación de la predicación de Amitayus, una de las manifestaciones del Buda. Y entre los centenares de personajes los expertos descubren descripciones de personas de distintas nacionalidades e incluso representaciones de deidades taoístas, en un temprano ejemplo de eclecticismo común a otros aspectos de la cultura naxi.

La entrada a este recinto real de Baisha, que ocupa toda la parte central del núcleo urbano, nos permitirá conocer también otros aspectos de la vida de la familia real, pues en el antiguo palacio se encuentra una exposición de los  objetos utilizados por la familia Mu en su vida cotidiana, y al fondo del recinto, el templo de Wenchang, dios de los letrados, actualmente con una estatua de Buda.

 
 

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