Beijing, capital imperial


Beijing, la capital de China es una ciudad enorme. Con casi 2o millones de habitantes y una extensión de más de 2.000 km2 es una de las mayores ciudades del mundo. Beijing es una ciudad plana, y perfectamente cuadriculada, como corresponde a una capital tradicional china. Con un tráfico caótico y unos transportes públicos que crecen a marchas forzadas poco desarrollados, la circulación no llega a ser, sin embargo, tan lenta como en otras capitales asiáticas.

Es fácil orientarse en Beijing. La parte central (protegida por una muralla hasta los años 50 del siglo XX) está constituida por un cuadrado (arriba) y un rectángulo bajo él, que le da una forma de “T” invertida. Esa ciudad antigua está atravesada por el eje imperial, de norte a sur, a lo largo del que se alinean los principales monumentos, y cortado por la avenida Chang’an, que con sus más de 40 km de longitud, cruza la ciudad de Este a Oeste, pasando al norte de la plaza de Tiananmen y al sur de la Ciudad Prohibida. El camino imperial va desde la Puerta Yongding en el sur, corriendo entre el Templo del Cielo y el de la Agricultura, para cortar justo por el centro la Plaza de Tiananmen y la puerta de igual nombre, así como la ciudad prohibida (e incluso el trono imperial, que al menos teóricamente sería dividido en su mitad por esta línea), para cruzar luego la Colina de Carbón y finalmente las torres del Tambor y la de la Campana. Toda esta parte antigua se encuentra al interior del Segundo Cinturón.
Beijing es una ciudad llena de atractivos. Tal vez la única ciudad de nuestro planeta que cuenta con tantos monumentos considerados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad. Ya que la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano, el Templo del Cielo y el Sitio del Hombre de Beijing, han merecido ese calificativo.

Beijing es una ciudad de larga historia, pues dada su posición estratégica, en el ángulo septentrional de la gran llanura que se extiende a lo largo de la parte oriental de China, ha jugado un papel defensivo desde tiempos remotos.

En la dinastía Zhou la región de Beijing era parte del marquesado de Yan, que en los siglos siguientes, desarrollando sabiamente las relaciones comerciales y militares con los pueblos nómadas que vivían más allá de las montañas, fue ganando en importancia hasta convertirse en uno de los reinos más poderosos de China en la época llamada precisamente de los Reinos Combatientes.

 

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Ese reino sucumbió ante los Qin que unificaron China y establecieron la primera dinastía en el año 221 a.n.e, pero ello no hizo disminuir la importancia de Beijing, pues los nómadas Xiongnu acechaban al otro lado de las montañas. Por las montañas situadas al norte de Beijing discurría la Gran Muralla establecida por los Qin, que renovada por los Ming, es la que se conserva actualmente.

Durante siglos Beijing es una ciudad fronteriza de importancia secundaria. En el siglo X pasa a convertirse en una de lasciudades más importantes de Asia, pues los nómadas Kitan, que establecieron la dinastía Liao (que dominaba el norte de una China dividida) establecieron su capital allí, denominándola Yangjing. Mientras los Song gobernaban la parte sur de China, los Jurchen, aprovechando la debilidad de unos Kitan demasiado influidos por la cultura china, les derrotaron apoderándose de su reino, estableciendo la dinastía Jin con capitalidad en Beijing.

El año 1215 Beijing es sitiada por las tropas mongolas. Los Jurchen resisiten en condiciones épicas. En los dos bandos los vñiveres escasean, durante meses la victoria es dudosa, hasta que en mayo el gobernador de Beijing se rinde y los mongoles toman la ciudad en medio de un baño de sangre. Beijing marca la conquista mongola del norte de China, en el año 1271 se convertirá también en el capital de la dinastía establecida por ellos, llamada esta vez Dadu (Gran Capital). En en esta época cuando Marco Polo visita Beijing.

Plaza de Tiananmen

La Plaza de Tiananmen es el centro de Beijing y de la vida política de China. Con 800 metros de norte a sur, y 420 de este a oeste, es la mayor plaza del mundo. En sus más de 40 hectáreas de superficie se calcula que se podrían reunir hasta 5 millones de personas, bien apretados, claro; pero ni en las manifestaciones más multitudinarias se ha llegado a un número semejante. No obstante, el viajero que la visite durante las fiestas públicas, especialmente en los aniversarios de la fiesta nacional que se celebra 1 de octubre, tendrá la sensación de estar rodeado de millones de personas, pues durante esos días miles de beijineses y visitantes de las provincias cercanas, acuden a la plaza para admirar la decoración con la que se prepara para la fiesta. Las noches de verano, una multitud tranquila y silenciosa, aprovecha el aire que barre la plaza para huir del calor de la ciudad. Hasta las 11 de la noche, cuando la policía desaloja a los visitantes.

La plaza de Tiananmen, ampliada desde su tamaño original, era durante la época imperial una zona prohibida a la población, pues alojaba una serie de dependencias ministeriales. Tras el fin de la China imperial la plaza se fue ampliando convirtiéndose en el escenario perfecto para esos baños de popularidad que tanto disfrutaba Mao. De hecho, la plaza de Tiananmen se convirtió en el centro donde se desarrollaron los más importantes acontecimientos de la historia reciente de China. Desde el Movimiento del Cuatro de Mayo, lanzado en 1919, a la Proclamación de la República Popular en 1949, el lanzamiento de la Revolución Cultural en 1966 o las protestas estudiantiles de 1989.

En el centro de la plaza se yergue una construcción cuadrada, con columnas, es el Mausoleo de Mao Zedong. Su cadáver, debidamente preparado, descansa en su interior en una urna de cristal. Se puede visitar, y de hecho cada mañana miles de chinos hacen cola para verlo. Generalmente la cola es impresionante por el número de gente que espera para verlo, pero dado que nadie se puede parar ante el cadáver de Mao, avanza bastante deprisa, y generalmente no hay que esperar más de 20 ó 30 minutos. Dentro no se puede llevar nada.

Un poco más al norte está el Monumento a los Héroes del Pueblo, con sus 38 metros de altura, fue construido en 1958. En su base se han esculpido ocho bajorrelieves con motivos alusivos a las guerras de liberación de China.

Al norte de la plaza se encuentra la imponente Puerta Tiananmen, con ese retrato de Mao que se ha hecho famoso y parte ya del decorado de la plaza y de la puerta. Al oeste de la Puerta Tiananmen está el Parque Zhongsan, en honor de Sun Yatsen, y al este el Palacio de Cultura de los Trabajadores. Para llegar a la puerta hay que cruzar la avenida Changan mediante dos pasos subterráneos. Se puede subir a la puerta, pasando previamente por un exhaustivo control de armas. Arriba hay algunos objetos conmemorativos de la fundación de la República Popular China, ya que fue desde ese lugar desde donde Mao realizó la proclamación. Aparte de ello no tiene otro interés especial.


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Ciudad Prohibida

La Ciudad Prohibida o Palacio Imperial, al Norte de la Plaza de Tiananmen, fue la residencia imperial durante las dos últimas dinastías (Ming y Qing). Con 9999 habitaciones es el mayor palacio del mundo. Está rodeado por una muralla y un foso de 50 metros de ancho. Los alrededores de la Ciudad Prohibida son uno de los espacios más interesantes para alojarse en Pekín y permiten que los turistas estén a cortas distancias de los destinos más sobrecogedores de la ciudad. Según entramos en la Ciudad Prohibida nos encontraremos con la Puerta de la Armonía Suprema. Para llegar a ella hay que cruzar un pequeño canal por alguno de sus cinco puentes. . Desde aquí se disfruta de la vista más famosa de la Ciudad Prohibida: el Salón de la Armonía Suprema, elevado sobre una triple terraza de mármol blanco. En su interior está el trono. Este es el pabellón más importante del palacio y la construcción más alta del Beijing antiguo. Tras el se encuentra el Salón de la Armonía Media, y el Salón de la Armonía Preservada, utilizado para las grandes ceremonias y los exámenes imperiales. Al norte queda la parte privada. En esta zona es donde se encuentran los principales museos de la propia Ciudad Prohibida. El de las Pinturas Imperiales, al Oeste, muy interesante. El Museo de los Bronces, y el de las Cerámicas, al Norte. El de los Relojes al Este, y el de las Joyas Imperiales, también al Este, en el llamado Jardín de Qianlong.

La construcción más importante de la Ciudad Prohibida es, sin duda, el Salón de la Armonía Suprema (llamado Taihedian en chino). De hecho esta gran sala, con el amplio patio que le rodea desde la Puerta de la Armonía Suprema, ocupa la mayor parte de la parte pública de la Ciudad Prohibida.

El Salón de la Armonía Suprema era también la construcción más alta del Beijing antiguo. Era utilizado para las ceremonias más solemnes: los aniversarios del emperador, la lectura de los candidatos que habían superado los exámenes imperiales, y la de los generales que salían en campaña.

Este gran salón se alza sobre una triple terraza de mármol blanco. Esta sujetado por unas enormes columnas rojas, y tiene un doble tejado amarillo, color reservado al emperador. En su interior está el trono imperial, espectacular con sus grabados de dragones, aunque existen dudas de que sea el trono auténtico.

Todos los techos de los salones de la Ciudad Prohibida tienen en su extremo un adorno con bestias, animales propicios y mitológicos destinados a proteger la sala correspondiente, el número de estos animales depende de la importancia de la sala. El tejado del Salón de la Armonía Suprema, el más importante, es el único que tiene diez bestias de protección. Frente al salón se encuentran una grulla y una tortuga, símbolos de longevidad, así como un reloj de sol y una unidad de capacidad, como símbolo de la virtud del emperador en mantener la regularidad de las estaciones y unificar las medidas del imperio. En las tres terrazas que dan acceso hasta el propio salón hay numerosos incensarios.

Templo del Cielo

El Templo del Cielo es una de las construcciones más originales e impresionantes de Beijing. Está situado en el interior de un gran parque que se extiende por 273 hectáreas, en la zona sur de la ciudad. Fue construido en el año 1420, por el emperador Yongle, que trasladó la capital desde Nanjing a Beijing, siendo utilizado por los emperadores de las dos últimas dinastías, la Ming y la Qing, que acudían a él dos veces por año. La primera al principio de la primavera, para rogar por una buena cosecha; la segunda, en el solsticio de invierno, para agradecer al cielo por la cosecha.

El Templo del Cielo era la construcción religiosa más importante de la capital. Los rituales que se realizaban en su interior, destinados a legitimar la cualidad divina del emperador, que investido con el título de Hijo del Cielo, se ponía en comunicación con los dioses en favor de los hombres que gobernaba, entroncan con las primeras religiones establecidos por los reyes de las remotas dinastías Shang (siglo XVI-XII a.C.) y Zhou (Siglo XII -VIII a.C.)

Conviene entrar por la Puerta Sur, para seguir el eje ritual sur-norte en el que está construido el templo. De esta forma, lo primero que se encuentra es el Altar del Cielo. Una gran plataforma redonda escalonada de mármol blanco, con 360 balaustradas, rodeada por un muro cuadrado. Es un simbolismo del cielo (redondo) dentro de la tierra (cuadrada). En el centro de dicha plataforma hay un lugar vacío, donde se colocaba el trono para el Emperador del Cielo, al que el emperador adoraba y presentaba ofrendas.

Esta Bóveda Celeste Imperial está rodeada por un muro circular, popularmente llamado muro del eco porque la particular forma de la pared parece ser especialmente adecuada para la trasmisión del sonido. Este lugar era donde el emperador presentaba sus respetos a la Tablilla del Cielo, un rito semejante al que realiza la gente común venerando las Tablillas de los Antepasados, mediante el que se asocian los antepasados imperiales con el propio cielo. Tras la realización de estos ritos, se retiraba al Palacio de la Abstinencia, situado junto a la Puerta Celestial del Oeste, donde durante tres días ayunaba y se abstenía de contacto carnal.

Un largo pasillo de 360 metros une la Bóveda Celeste Imperial con el Salón de Rogativas por las Buenas Cosechas. Este es el edificio más majestuoso del recinto, y para algunos, de todo Beijing. Concebido para facilitar la comunicación del emperador con el cielo, tiene una base redonda, de 30 metros de diámetro, y una forma cónica, que se eleva 38 metros de altura. Está situado en el centro de un patio, elevado sobre tres terrazas circulares de mármol blanco, cada una con una balaustrada de mármol tallado, además cuenta a su vez con un triple tejado de azulejos azules que le confieren una fuerza especial.

Esta sobria construcción desde la que los emperadores pedían una adecuada distribución de lluvias y sol, es tan original que ha sido elegida, de hecho, como símbolo del turismo en Beijing.

Pero su interés no acaba con su aspecto exterior, capaz por si mismo de agradar al más exigente. Este salón está construido completamente con madera ensamblada, sin que se utilizara ni un solo clavo. En el interior, se ve que la bóveda esta sujetada por cuatro grandes pilares de madera, que representan las cuatro estaciones del año; alrededor de ella hay doce pilares exteriores, que simbolizan los doce meses del año. La forma en que se ha ensamblado la madera traída desde la provincia de Yunnan que mantiene el tejado es una obra maestra de la carpintería china. El colorido de las mismas tiene una variedad difícil de encontrar en otros monumentos antiguos, la forma en que los niveles de maderas se elevan, vista desde el suelo, es sobrecogedora.

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Palacio de Verano

El Palacio de Verano es un enorme jardín al Noroeste de la ciudad. Decadente, sensual, refleja el espíritu de los últimos años de la dinastía Qing. Destruido y reconstruido varias veces, el palacio actual es obra de principios del siglo XX, un monumento a la decadencia de los últimos años de esta dinastía, y un laberinto que refleja la compleja personalidad de la emperatriz Cixi, su principal moradora. El palacio tiene dos partes fundamentales. El Lago Kunming, y la Montaña de la Longevidad. A las orillas del lago se encuentran las construcciones fundamentales, las salas desde las que Cixi ejercía su gobierno, el Teatro que simboliza su estilo de vida, sus habitaciones privadas, y sobre todo el Largo Corredor, decorado con miles de pinturas que reflejan escenas de la historia, la mitología, la poesía y las novelas famosas de China. Y al final del mismo, el Barco de Mármol, construido según se dice, con los fondos destinados a renovar la armada nacional.

La Gran Muralla

La Gran Muralla China es un monumento único en nuestro planeta. Dicen que es la única obra humana que se ve desde la luna, y no es de extrañar, ya que a lo largo de sus 6.000 km es como una herida abierta que recorre el Norte de Asia. La Gran Muralla es la obra por excelencia de China, arquetipo de su cultura y civilización. Se empezó a construir hace más de 2500 años, por unos señores feudales que intentaban proteger sus dominios de la amenaza de las tribus nómadas del Norte.
Esas murallitas feudales fueron unificadas por primera vez en el siglo III a.C., por el primer emperador Qinshihuang: una gesta heroica en la que todo el pueblo chino puso su sangre y su vida, desde entonces mantiene más o menos la forma actual. No obstante la reconstrucción que se visita se realizó en la dinastía Ming. El tramo principal va desde el paso de Shanghaiguan en el Mar de China, hasta Jiayuguan en el desierto de Asia Central. Cada poca distancia hay torres de vigilancia, murallas secundarias, ramificaciones, incluyéndolas se puede decir que Si contamos todos sus tramos y ramificaciones, se puede contar con hay más 50.000 km de muralla construida. Por eso en las provincias del Norte es fácil encontrarse con tramos de muralla más o menos conservados. Cerca de Beijing está el lugar más famoso: Badaling.

Badaling está a 70 km de la ciudad. Es el tramo más visitado. Está en un paso entre montañas lo que le da un fácil acceso, y la posibilidad de contemplar, tanto desde arriba como desde abajo, varios kilómetros de muralla serpenteando entre las montañas. Allí la muralla es ancha, y bastante elevada.

Templo de los Lamas

El viajero que recorre con prisas la ciudad de Beijing se ve sorprendido a veces por la silueta de grandes edificios de planta antigua situados en la vecindad de las arterias más concurridas. Uno de los más interesantes, tal vez el que más pueda llamar la atención por su ubicación, en la esquina nororiental del Segundo Cinturón es el llamado Templo de los Lamas. El más grande de los templos lamaístas de la capital y a su vez una de las construcciones religiosas más interesantes.

En el Salón de la Eterna Protección hay dos tankas especialmente famosos, pues se dice que fueron bordados por la madre del emperador Qianlong. Tras esta sala hay una escultura en bronce que representa el Monte Meru, sagrado para los budistas y lamaístas.

Más allá se encuentra el Salón del Arte Tántrico. Es posiblemente la sala más bella de este templo, y una de las más originales construcciones de la China antigua. Los tragaluces que se abren en el techo no se pueden ver en ninguna otra construcción. Aquí, dejan bajar la luz entre cuatro paredes decoradas con sus respectivos tankas, lo que le da un aspecto mágico, tornasolado. La escultura de Tsongkapa, el fundado de la secta gelugpa, dominante en el Tibet, tiene una serena belleza difícil de encontrar en otros templos. En las paredes laterales hay pinturas que profundizan en el carácter mágico de la religión lamaísta. Conviene observar detenidamente este salón también desde el exterior, para poder hacerse una idea de su belleza y originalidad.

El último es el Salón de las Diezmil Felicidades, es el más majestuoso, con una colosal escultura de Buda de 18 metros tallada en un sólo tronco de sándalo (la mayor del mundo) en su interior, así como una gran biblioteca de textos budistas. El Salón se construyó después de colocar en su interior la enorme estatua, que evidentemente no cabe por la puerta.

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