Dali, capital de los Bai

 

Si te gusta viajar, te gustará Shangrilá.

Un libro de viajes diferente, en el que el protagonista, el autor que os ofrece esta información sobre Beijing, se interna en algunas de las regiones más remotas de China. En esa sucesión de montañas que se extienden al sur de Sichuan y el noroeste de Yunnan, habitadas por pueblos relacionados de alguna forma con la cultura tibetana, como los Yi, los Moso, los Naxi o los Bai. Siguiendo el rastro que le marcan los siempre malditos Yi, acabará enfrascado en la búsqueda de Shangrilá.

Dali es una de las ciudades más antiguas de Yunnan. Situada a la orilla del lago Erhai se cree que estaba habitada por los Bai desde hace 3.000 años. Su esplendor le llegó cuando fue capital del llamado Reino Nanzhao, establecido allí durante la dinastía Tang y posteriormente del Reino de Dali, su sucesor, que gobernó la región durante la dinastía Song. Desde esos tiempos remotos Dali fue la principal ciudad de Yunnan, hasta que en época relativamente reciente Kunming le arrebató el protagonismo. Dali ha conseguido conservar en sus calles y casas un sabor original y una quietud un tanto señorial, alegrada por el colorido de sus pobladores y sus festividades tradicionales.

Dali ha sido, desde la apertura de China, uno de los primeros destinos turísticos para los viajeros individuales, que "descubrieron" una antigua ciudad conservada casi completamente, habitada por una gente amable en medio de un paisaje paradisíaco y donde todo el mundo parecía darles la bienvenida. Los habitantes locales han sabido aprovechar el tirón de la fama y a pesar de la presencia de numerosos grupos chinos y extranjeros, Dali mantiene todavía ese ambiente un poco atemporal de los lugares en los que, a lo largo del tiempo, los viajeros han parado a recuperar fuerzas en medio de su duro viaje.

La presencia de los Bai es ubicua en esta su ciudad. No sólo las guías de turismo que veréis por todas partes ataviadas con sus vestidos tradicionales, la mayoría de la gente que se encuentra uno por la calle son Bai y si alguien da un paseo por las aldeas cercanas, se sumergirá del todo en el mundo Bai. Los Bai son una de las minorías más antiguas de China, se piensa que son los descendientes de los habitantes originales de esta región de Yunnan. Su larga historia está llena de episodios que muestran un carácter dulce y pacífico, volcado a sus creencias y tradiciones y al laborioso cultivo de sus fértiles tierras. Todavía se conservan numerosos volúmenes de la historia antigua de los Bai. En cuanto a su religión, a pesar de haber abrazado el budismo durante la dinastía Tang y haber creado algunas de las obras más importantes de esta religión en el sur de China, mantienen todavía muy vivas las tradiciones que surgieron en su religión tradicional. El culto a los antepasados y a las fuerzas de la naturaleza se refleja hoy en día en numerosos aspectos de su existencia.

La Ciudad antigua de Dali es un entramado de callejuelas poco transitadas, donde aún se encuentran tesoros de la arquitectura tradicional bai. Muchos de ellos con esa sensación casi sagrada de los objetos antiguos repletos de significado, que resultarán mucho más interesantes que las ubicuas construcciones modernas, donde se repite sin sentido un estilo bai que ya parecen no entender. De hecho esta ciudad antigua ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Las Tres Pagodas y el Templo Chongshengsi son el monumento más carismático de Dali. Construidos en el siglo IX, en el apogeo del Reino Nanzhao, se han convertido en el símbolo de la ciudad. El Templo es una construcción típica de Yunnan y aunque ha sido destruido varias veces, las reconstrucciones han mantenido su originalidad. Las Tres Pagodas no son iguales. La mayor tiene quince pisos y las otras dos, sólo nueve.

No hay que perderse las bellas construcciones de piedra típicas de los Bai justo al sur de la entrada del templo, ni el ambiente rural de las aldeas que están en los alrededores dela ciudad. A pesar de estar tan cerca de un monumento muy visitado, la gente raramente va más allá. En esa primera aldea hay pequeño templo a la Madre del Rey Dragón, cuyas figuras narran con detalle como se quedó embarazada al comer un melocotón mágico y como el niño que parió acabó por convertirse en el rey dragón. Suele haber algún sacerdote de esa primitiva religión y nunca faltan fieles orando y presentando sus ofrendas.

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