Daxu, un remanso de paz

 

Si te gusta viajar, te gustará Shangrilá.

Un libro de viajes diferente, en el que el protagonista, el autor que os ofrece esta información sobre Beijing, se interna en algunas de las regiones más remotas de China. En esa sucesión de montañas que se extienden al sur de Sichuan y el noroeste de Yunnan, habitadas por pueblos relacionados de alguna forma con la cultura tibetana, como los Yi, los Moso, los Naxi o los Bai. Siguiendo el rastro que le marcan los siempre malditos Yi, acabará enfrascado en la búsqueda de Shangrilá.

 

Daxu es una pequeña aldea situada a la orilla del río Li, no lejos de Guilin. Durante los siglos pasados, antes de que se construyera el ferrocarril, era uno de los cuatro puertos más importantes del río Li. La mayoría de sus habitantes se dedicaban al comercio y su mercado era famoso en todo el sur de China. Luego, con la construcción del ferrocarril, el transporte fluvial fue haciéndose más y más escaso, sumiendo a Daxu en una siesta decadente. Como es la única de las aldeas situada al este del río, hasta el momento se ha librado de una masiva explotación turística.

En Daxu, cuya zona central aún se encuentra sorprendentemente bien conservada, una visita atenta nos permitirá conocer numerosos detalles de la vida cotidiana en la región durante la primera mitad del siglo XX, aún quedan numerosas huellas de su próspero pasado. Descoloridas por la continua humedad del trópico, los patios de las casas, y sus habitaciones, muchas veces mostradas por sus amables residentes, esconden tesoros de la artesanía y la decoración tradicional china.
En Daxu aún se celebran frecuentes ferias y mercados durante los que sus calles marrones se llenan de vida, campesinos llegados de las aldeas cercanas llenan de colores la sobria ciudad, como una fugaz reminiscencia de la actividad de los tiempos pasados.

Si se visita un día sin mercado, el pueblo está tranquilo. Con sus calles estrechas, sólidamente empedradas, sus casas de madera alineadas a ambos lados, cada una con su patio y su estructura tradicional. A la puerta de las mismas están sus habitantes: gente sencilla que combina sus labores tradicionales con las actividades modernas. Algunos de ellos se han convertido en guías ocasionales de sus propias casas o negocios artesanales, y no es raro encontrar al carpintero en sus labores, al farmacéutico, al dentista o al que ahuma el pescado.

En general Daxu respira paz, y su visita siempre es una buena oportunidad para conocer esa China rural que siempre parece escaparse.

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