El Templo Colgante de las Montañas Hengshan

 

Si te gusta viajar, te gustará Shangrilá.

Un libro de viajes diferente, en el que el protagonista, el autor que os ofrece esta información sobre Beijing, se interna en algunas de las regiones más remotas de China. En esa sucesión de montañas que se extienden al sur de Sichuan y el noroeste de Yunnan, habitadas por pueblos relacionados de alguna forma con la cultura tibetana, como los Yi, los Moso, los Naxi o los Bai. Siguiendo el rastro que le marcan los siempre malditos Yi, acabará enfrascado en la búsqueda de Shangrilá.

 

A poco más de 70 kilómetros de Datong, en las estribaciones septentrionales de los Montes Hengshan, se encuentra uno de los templos más pequeños de China, que pese a su tamaño consigue atraer cada año la atención de miles de visitantes. Es el Templo Colgante, y como su nombre indica, su mayor particularidad es estar colgado de la roca de la ladera del monte Cuiping.

El templo no sólo se mantiene en constante desafío a las leyes de la física, sino que lleva haciéndolo desde hace más de 1500 años, pues fue construido originalmente durante la dinastía Wei del Norte, que establecieron su capital en la cercana ciudad de Datong, desde donde realizaron grandes esfuerzos por promover el budismo. Su nombre original "Templo de la Profundidad y la Vacuidad" refleja la historia de su construcción, ya que según las crónicas fue debida a un monje taoísta empeñado en cumplir los deseos de su maestro: "Construir un templo entre el cielo y la tierra para evitar las luchas religiosas."

Durante su construcción se presto un cuidado especial en conseguir una protección natural de los elementos atmosféricos. Los principios mecánicos que mantienen sus pabellones anclados en la roca, le han permitido soportar terremotos y tormentas.

Dada la especial situación de esta construcción, sus pabellones no pueden tener un gran tamaño. Media docena de salas, pegadas a la pared de la roca, con el techo típico de las construcciones religiosas chinas y la animada decoración interior de los templos budistas, podrán desilusionar a los viajeros más exigentes.

De hecho, sus esculturas más antiguas, tres grandes Budas de piedra, esculpidas en la misma época que las grutas de Yungang, no admiten comparación con éstas.

La atracción principal es la propia estructura exterior del templo. Su situación, en la pelada ladera de la montaña Cuiping que parece cortada por un cuchillo, supera a los atractivos de sus salas y pabellones.

Además, dependiendo del momento y época, puede no ser necesario comprar la entrada, bastante cara, para verlo desde la montaña de enfrente.

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