La ciudad antigua de Lijiang

 
 

Lijiang es posiblemente la ciudad más interesante de Yunnan. Capital secular de los Naxi, un pueblo de larga historia y sorprendente cultura, Lijiang es como un oasis entre el mundo chino y el mundo tibetano. En medio de tremendas montañas que superan en muchas ocasiones los cinco mil metros de altura, Lijiang era, hasta hace unos años un lugar de difícil acceso. Tal vez por eso ha podido mantener hasta hoy en día esa original cultura y conservar casi integra la ciudad antigua de Dayan, corazón de la actual ciudad de Lijiang. Calles sin coches que se van curvando de forma casi imperceptible, con casas de un piso alineadas a cada lado, de bellas puertas y tejados, canales a su lado que traen el agua cristalina que viene de la montaña del Dragón de Jade, siempre sobre la ciudad como un díos protector. Tal vez no haya una ciudad como Lijiang.

Lijiang tiene una larga historia. Fundada por los Naxi hace más de quince siglos, fue capital del principado llamado Mexiezhao, en el siglo VI, hasta que el Reino Nanzhao se anexiona la zona. Oprimida por la expansión de ese Reino Nanzhao y de su sucesor el Reino de Dali, apoyará a los ejércitos de la dinastía Yuan que pasan por sus tierras a la conquista de Yunnan. Eso proporciona a los jefes Naxi una relación especialmente buena con los emperadores chinos. Desde esa dinastía Yuan, Lijiang es gobernada por sus propios reyes, la dinastía Mu que durará oficialmente hasta 1949, pero su poder es cada vez más nominal que real y en el momento de su destronamiento ya no tienen ningún poder. El destino de Lijiang quedó marcado por su situación fronteriza con los reinos tibetanos, tanto en la guerra, cuando la afluencia de soldados hace florecer la ciudad, como en la paz, cuando es el comercio el que le da la vida.

La Ciudad Antigua de Lijiang, con sus calles empedradas, el murmullo del discurrir del agua por sus pequeños canales y el imponente trasfondo de la montaña del Dragón de Jade, es sencillamente, material de leyenda. No necesita más introducción. Perderse en sus calles en busca de tesoros, albergue o compañía es el mejor de los pasatiempos.

El Pabellón del Fénix, sobre la colina que domina toda la ciudad antigua, no tiene mayor interés que la vista que se disfruta desde él, realmente interesante.

Estanque del Dragón Negro está en el extremo norte de la ciudad, cruzando la ciudad nueva, donde, en los días despejados, se puede ver la composición más típica de Lijiang, con el estanque en primer plano y la montaña del Dragón de Jade al fondo. Desde el parque se accede a la Colina del Elefante, a la que se puede subir por dos escalinatas. El estanque recibe el agua directamente desde la montaña del Dragón de Jade y desde ese punto se distribuye por Lijiang a través de su red de canales. Dentro del parque está el Instituto Dongba con una exposición permanente de la cultura de los chamanes Naxi y su escritura pictográfica.

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