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La milenaria Luoyang


Luoyang es una de las ciudades más antiguas de China y sin embargo una de las más modernas. Su importancia histórica tal vez sólo admita parangón con Xian, pero de aquella en la ciudad no queda ninguna muestra. La Luoyang de hoy se puede confundir con cualquier pequeña capital de provincia, con sus calles animadas y sus miles de taxis amarillos circulando continuamente a la espera de clientes. Y en cierta forma a veces parece que ese ritmo aún provinciano de la ciudad, con sus tiempos muertos, casi detenidos, le liga un poco con su pasado, mejor que los bruscos cambios que han transformado a algunas ciudades en unos años.

La ciudad de Luoyang durante la dinastía Han del Este

La dinastía Han del Este estableció su capital en Luoyang en el año 25 de nuestra era construyendo una de las ciudades más magníficas de la época. La ciudad tenía un diseño rectangular y ocupaba un área de 10 kilómetros cuadrados. Los restos de sus murallas, construidas con tierra apisonada, todavía se elevan diez metros en algunas zonas de la ciudad. Como otras ciudades chinas, Luoyang estaba orientada en un eje sur-norte, con sus calles formando una tupida red. Los emperadores tenían dos palacios, situados en los dos extremos de la ciudad. El palacio situado al sur de Luoyang contaba con las principales oficinas imperiales, el que estaba en la parte norte, se podría considerar el palacio interior, donde discurría la vida privada del emperador. Cada uno de estos palacios tenía una extensión de cincuenta hectáreas, y estaban comunicados por una pasarela elevada. Cerca de los palacios estaban los ministerios, oficinas, templos, jardines, etc.

La muralla tenía doce puertas, las dos situadas en el eje central, la del sur (puerta Pingcheng) y la del norte (la Puerta del río Gu) comunicaban directamente con los palacios situados en ambos extremos. Toda la muralla estaba rodeada por un foso en su exterior, a donde llegaba un canal por el que se traían los suministros para la capital imperial desde las llanuras situadas más al este del país. Un sistema de norias facilitaba el suministro de agua para la ciudad. Dentro de la muralla el altar principal era el Altar del Suelo y del Grano, muy cerca del Palacio Septentrional.

Al exterior de la muralla estaban los suburbios, extensos y densamente poblados. En ellos había muchos edificios importantes, especialmente en la parte sur, donde estaban situadas, la Terraza Espiritual, el Salón Brillante, un templo cosmológico, la Academia, que llegó a contar con 30.000 estudiantes, y dos grandes mercados. Un poco más alejados de la muralla estaban el Altar del Cielo y otros altares, dos grandes reservas de caza y las mansiones de las familias poderosas. El Altar de la Tierra estaba situado en la parte norte de la ciudad.

La ciudad fue completamente arrasada durante las guerras que pusieron fin a esta dinastía.

Las Grutas de Longmen, o de la Puerta del Dragón.

Deben su nombre a estar situadas a la orilla de un río que discurre entre dos montañas, dicen que el paso que queda entre ellas se asemeja a un dragón, y de ahí su nombre. Su construcción comenzó a fines del siglo V, cuando los Wei del Norte, esos Xiongnu sinizados que tanto hicieron por la difusión del budismo, trasladan su capital a Luoyang. Durante muchos años, generaciones de escultores tallaron en la roca de la ladera de la montaña más de 100.000 imágenes de Buda, agrupadas en casi 2000 cuevas de todos los tamaños y más de 700 nichos. Cada emperador, cada noble contribuyó a la formación de esta obra maestra. Las Grutas se siguieron construyendo durante las dinastías siguientes, Sui y Tang, aunque la mayoría datan del siglo VI y VII. Hoy en día se extienden casi mil metros en la ladera de la montaña. Junto con las Grutas de Mokao en Dunhuang y las de Yungang en Datong son consideradas uno de los tres tesoros de la escultura china.

Templo del Caballo Blanco.

Fue el primer templo budista que se construyó en suelo chino, en el año 68 de nuestra era, aunque las salas que se visitan actualmente son reconstrucciones mucho más modernas, de la dinastía Ming y Qing. Está a once kilómetros de Luoyang, y debe su nombre a que, según la leyenda, el funcionario enviado por el emperador Mingdi para saber que era esa religión de la India de la que tanto se empezaba a hablar en China, regresó a Luoyang acompañado de dos monjes hindús y dos caballos blancos que portaban las escrituras budistas y algunas estatuas.

Museo de Luoyang

Destacan sus artefactos de la cultura Yangshao, así como los objetos de la dinastía Xia desenterrados en Erlitou, que permiten hacernos una idea de cómo era la vida de los chinos en esos tiempos remotos.
Tiene una colección muy buena de bronces de las dinastías Shang y Zhou, sólo comparables a las que se pueden encontrar en los Museos de Xian y Shanghai. Pero lo que realmente ha hecho famoso a este museo son sus colecciones de las figuras originales de la cerámica tricolor de la dinastía Tang.

Parque Wangcheng, o Ciudad Real.

Eestá situado sobre el lugar donde estaba la Ciudad Imperial de los Zhou del Este, hoy no hay nada de esta dinastía, por lo que mejor disfrutar del parque, en abril se celebra en él las exposiciones de peonías, y la de linternas en la fiesta del mismo nombre, y no buscar unas ruinas que no existen.

La Ciudad Antigua

Es el asentamiento que quedó en Luoyang desde la pérdida de su gloria imperial hasta principios de este siglo. Hay casas antiguas, un pequeño barrio árabe, una serie de calles con el encanto de la vida que se desarrolla allí mismo, y un antiguo Centro de Comerciantes, que se utiliza ahora como Museo de Artesanías de la Provincia de Henan.

Museo de las Tumbas Antiguas.

A siete kilómetros de la ciudad, es un parque al que se han llevado una veintena de esculturas provenientes de Luoyang y los alrededores. Destaca una tumba de la dinastía Han, con restos de pinturas murales, y otras de la misma época con bastantes objetos funerarios.


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