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| Índice |
| Introducción |
| Críticas |
| Fragmentos 1 - 2 - 3 |
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Cualquier
persona que se acerque a las literaturas de las minorías
del sur de China, descubrirá numerosas obras donde el papel
protagonista lo desempeña una diosa o deidad femenina. Ya
sea dedicadas a la creación del mundo (solas o en compañía
de una deidad masculina), a la del género humano, o a la
instrucción de una humanidad o sus ancestros en las nociones
básicas de la cultura neolítica (caza, agricultura,
ganadería), las deidades femeninas juegan un papel central
en el origen y desarrollo de la humanidad.
En
los últimos tiempos se han publicado numerosos trabajos que
defienden el carácter matriarcal de buena parte de las sociedades
establecidas antiguamente en el territorio de Europa y el Cercano
Oriente , caracterizadas por el culto a la diosa en sus diversas
manifestaciones: como creadora del cosmos y de la humanidad, como
iniciadora en los secretos de la existencia y como renovadora del
mundo en una alternancia de la vida y la muerte que permite la continuidad
de todo cuanto existe. Este es un tema en el que de ninguna forma
se ha llegado a la unanimidad entre la comunidad académica,
sino que permanece en el centro de un agrio debate con evidentes
connotaciones políticas.
Precisamente
por ser un asunto en permanente debate, y por las consecuencias
que puede tener para la vida presente, he considerado necesario
aportar algunos hechos relacionados con los pueblos de China.
Mi interés por las culturas de las minorías de China,
me llevó a conocer la existencia de sociedades, como la de
los Moso, donde la herencia se trasmite por línea femenina
y la vida social está organizada en torno a familias matrilineales;
la de los Jino, que tenían jefas hasta hace pocas generaciones;
la de los Yi, igualmente con numerosas autoridades femeninas; o
la de los Lahu con su manifiesta igualdad de género. Esta
serie de hechos me llevó a preguntarme si se podría
establecer una relación cultural, al menos hipotética,
entre las sociedades matriarcales del antiguo Occidente, y las del
presente, o del pasado cercano documentado en fuentes históricas,
del Extremo Oriente, en las que las mujeres desempeñaban
el papel predominante.
Profundizando
un poco más en la cultura de esos pueblos indígenas
de China encontré numerosos mitos, leyendas, noticias históricas,
rituales y costumbres que sugieren que en un pasado más o
menos lejano, las mujeres ocupaban una posición social destacable.
Entre sus mitos me llamaron particularmente la atención los
numerosos relatos que destacan el papel creador o civilizador de
la mujer, así como los que describen de forma detallada cómo
la mujer perdió ese papel dominante en sus sociedades.
Según iba descubriendo nuevos mitos que reforzaban el papel
de la mujer en las sociedades indígenas de China, aumentaba
mi deseo de encontrar otros semejantes en pueblos diferentes. El
resultado de esta investigación un tanto obsesiva fue que
acabé por reunir un interesante tesoro de narraciones que,
abarcando pueblos que habitan diferentes regiones de China, convierten
a la mujer en protagonista de la historia. De esta forma, lo que
en un principio sólo era parte de un esfuerzo por documentar
la presencia femenina en la vida de las minorías, que debía
incluir también rituales, costumbres y descripciones históricas,
fue tomando tal volumen que me pareció oportuno traducir
y presentar estos mitos, con un enorme interés por sí
mismos, mientras continúo investigando los trazos de esas
sociedades matriarcales de la China antigua en la cultura de las
minorías de la China moderna.
Al
abandonar de forma temporal la labor investigadora y sustituirla
por la de traducción, comprendí que el interés
de estas narraciones es polivalente: primero porque presentan al
lector una serie de mitos, la mayoría nunca traducidos a
ninguna lengua occidental; segundo porque permiten conocer algunos
de los motivos más comunes en las mitologías de los
pueblos de China (creación del mundo, diluvio, matrimonio
de los hermanos, aparición de numerosos soles, etc); tercero
porque abarcan regiones geográficas tan lejanas que permiten
sugerir una validez al menos regional, para el este de Asia, de
su temática; cuarto, por su homogeneidad en el tratamiento
positivo de las deidades femeninas que contrasta con otras narraciones
míticas donde juegan un papel permanentemente negativo, y
quinto porque en una sociedad que todavía se levanta sobre
un armazón tremendamente hostil hacia las mujeres, con resultados
trágicos en numerosas ocasiones, toda obra encaminada a reivindicar
su importancia, se puede convertir en una gota de agua de la gran
marea destinada a revertir la situación actual.
Este
trabajo no es extensivo, las narraciones aquí presentadas
apenas se pueden considerar una pequeña muestra de la vasta
mitología femenina de los pueblos de China. Hay muchos mitos
que se han dejado fuera: bien sea por ser demasiado largos, o por
ser excesivamente semejantes a algunos de los mitos incluidos, por
su complejo lenguaje simbólico difícil de entender
para el lector medio, o por no estar traducidos al chino, o no haber
encontrado ninguna versión a pesar de haberlos visto citados
o leídos en resúmenes, o porque la intervención
de los personajes femeninos, aún relevante, ocupa una sección
relativamente escasa de la obra, y no queríamos abusar de
la inclusión de fragmentos y narraciones incompletas.
Esperamos no obstante que esta obra ayude a cubrir una laguna en
nuestro conocimiento de China, de sus pueblos indígenas,
y de la existencia de sociedades matriarcales en el pasado.
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