|
|
|
Os
ofrecemos aquí algunos fragmentos de la obra:
Pag
45: "En un pequeño vacío, misteriosamente surgido
entre los puestos de los comerciantes, se encuentra un tipo leyendo
para una mujer un libro escrito en caracteres nosu. Supongo que
es un pimo, como se llaman sus sacerdotes. Está sentado,
con los ojos semicerrados, mirando al libro sólo de vez en
cuando, como si necesitara buscar en la profundidad de su memoria
el significado de las palabras que le presenta el texto. Le observo
desde un lugar discreto. Su feligresa está en cuclillas,
con un niño a su espalda, la cabeza un poco más baja.
Ambos tan concentrados en su tarea que el ajetreo del mercado no
les afecta. Me recuerdan las confesiones en la iglesia abarrotada,
donde el simple confesionario parecía aislarte del mundo.
El pimo se empieza a mover, se levanta parsimonioso y se coloca
el sombrero cónico necesario para sus rituales. Con los ojos
cerrados, se tambalea ligeramente. Parece que se va a caer. No,
es sólo el inicio de un baile. Se mueve con los ojos cerrados
y la cabeza dirigida al suelo. Las piernas apenas se separan de
la tierra, pero su cuerpo gira alrededor del libro que protege en
su regazo. Sus movimientos se van acelerando, un murmullo sale de
su boca. Mientras sus ropas raídas brillan por el reflejo
del sol. El murmullo se hace más alto, sus movimientos más
rápidos. El viejo es como una luz en medio del mercado, la
gente va formando un pequeño círculo a su alrededor.
Gira y gira cada vez más rápido arropado por el murmullo
constante. Nadie pensaría que es un anciano el que baila.
Su emoción se trasmite a los espectadores, que le jalean
susurrando en un tono que se va haciendo más y más
elevado. Suena como una plegaria, una oración que todos conocen.
El viejo sigue girando, trasportado por el sonido de decenas de
voces en un crescendo extraño y tenebroso. De repente parece
dar un traspié y cae al suelo. La mujer que le consultaba
su suerte se acerca a él, la multitud se dispersa en unos
segundos."
|